jueves, 10 de octubre de 2013

Solía simplemente caminar entre la maleza, solía simplemente no importarme el terreno donde pisaba por que mis pies habían dejado de sentir, era como haber perdido las piernas por completo, no sabía si flotaba o aún caminaba, no importaba la lluvia, las rocas, el dolor, las heridas...
Antes pensaba que no estaba mal ¿Quién no quisiera dejar de sentir? hoy puedo gritar que esa es la peor condena... La desesperación de andar y ver como tus pies se destruyen, preocuparte por que sigues sin sentir nada, condenada a ser una errante hasta quien sabe cuando, condenada a nunca volver a sentir nada, expectante a que causa de la trampa de tus propios pensamientos un día implotara.

Nadie condena si, no uno mismo. 
No existen los dedos acusadores si, no nuestro universo de pensamientos girando y girando alrededor de nosotros, dentro de nosotros... ¿Dónde está la vida? Pensé que estaba en el cuerpo y no en la mente pero que es un cuerpo sin voluntad, la vida del cuerpo se acaba, el cuerpo tarde o temprano se cansa y es en la mente donde se deja de sentir al andar, si la mente esta muerta el alma lo está.
Si no puedo sentir la tierra bajo mis pies, las heridas, las espinas, las rocas, las rosas, la felpa, la seda... es por que mi mente y mi alma están muertas, seguiría teniendo piernas pero habré dejado de tener vida.

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